Un poco de Historia

El Club Fotográfico de Cuba como el acontecimiento más relevante de la fotografía republicana.

Por Ramón Cabrales RosabaI Los cambios políticos y sociales que se sucedieron en el país a finales del siglo XIX y principios del XX, significaron un punto peculiar no solo […]

Por Ramón Cabrales RosabaI

Los cambios políticos y sociales que se sucedieron en el país a finales del siglo XIX y principios del XX, significaron un punto peculiar no solo para la historia del país sino también para la historia de la fotografía cubana, lo que provocó la fundación de una asociación fotográfica considerada, por muchos, la institución que abarcó la “época de oro” de la fotografía clásica cubana: el Club Fotográfico de Cuba.

Esta institución promocionó la notoriedad de las imágenes artísticas en el país y a sus representantes, además se introdujo rápidamente en el mecanismo de los clubes internacionales y su prestigio se incrementó a través de los salones internacionales, cursos y excursiones de fotografía que sus miembros realizaban. Esta asociación significó una apertura para la fotografía creativa en el país desde su primera sede. En sus espacios existían tres cuartos oscuros para revelar e imprimir, una biblioteca, varias salas de esparcimiento y una galería en la cual sus miembros realizaban salones entre socios e internacionales anuales.

Antes de su surgimiento no existía un movimiento artístico nacional fotográfico sólido. La fotografía que se realizaba era principalmente documental, de prensa, social (en los estudios existentes en todo el país) y además la doméstica (como aficionados), para dejar constancia de algún hecho familiar importante. Se destacaron fundamentalmente las imágenes de las revistas más destacadas del momento como: Bohemia, Carteles, Gráfico, Grafos, La Ilustración Cubana y Social.

La agrupación surgió y se desarrolló en una etapa en que también se incrementaron sus similares en Europa y Latinoamérica. El 5 de julio de 1935, se reunió en La Habana un grupo de personas amantes del arte fotográfico para crear una asociación con fines sociales artísticos y cuya primera directiva estuvo integrada por el Ing. Alfredo Broch Rouvier (1891-1970), presidente hasta 1939; Dr. Arturo M. Mañas Parajón (vicepresidente), presidente en 1941 y 1942; Dr. Guillermo R. Muñiz (secretario); Sr. Constantino Suárez Martínez, y como vocales Paul Wagner Reilly (1894-?), Uldarica Mañas Parajón (1905-1985) y Rosario Soler Pérez, quienes habían presentado los estatutos al Gobierno Provincial el 3 de mayo del propio año, con el nombre de Asociación Cubana de Arte Fotográfico. Posteriormente, el 30 de julio de 1936 la asociación cambia su nombre por el de Club Fotográfico de Cuba (CFC).

Sus miembros en su mayoría eran personas de gran solvencia económica que gustaban y podían permitirse el lujo de tener la fotografía como un hobby, puesto que el mismo requería de la compra de disímiles equipos y materiales fotográficos necesarios para poder realizar la fotografía, o sea un arte para personas adineradas.

En la década de 1940 los fotógrafos aficionados cubanos comenzaron a darse a conocer en un sinnúmero de salones internacionales a través del CFC, que con el tiempo llegó a ser la más fuerte agrupación fotográfica del país, y de donde surgieron las más importantes figuras del quehacer fotográfico en Cuba. Una de las primeras actividades del CFC fue la conmemoración del centenario de la fotografía, en 1939, con un amplio programa que organizó Rafael Pegudo Gallardo (1899-1981). En 1944 se convocó al I Salón Nacional de Retratos (el segundo fue en 1960).

En 1948 se realizó el primer concurso fotográfico internacional, que comenzaría a celebrase anualmente, por lo que la asociación fue pionera en esta actividad. En aquella ocasión se recibieron 1379 trabajos de 396 autores, en representación de 31 países. Si se tiene en cuenta que se trataba del primer salón internacional celebrado en Cuba, el alto grado de participación de autores y de obras, ofrece una medida del prestigio que ya disfrutaba en el mundo la fotografía, pues son pocos los salones que pueden ostentar en su primera edición con una cantidad tan elevada de trabajos como se presentó en ésta.

Prueba de este merecido prestigio, acrecentado en años posteriores, son los reconocimientos que recibió Ángel de Moya, Honorable del CFC, quien fue electo como miembro de la Royal Photographic Society of London, en 1946; en noviembre de 1951 se le entregó el título FPSA (Fellow de la Photographic Society of America) y en 1955 la distinción Honorable de la propia asociación, que solamente ostentaban en aquel entonces, otro extranjero y él. Abelardo Rodríguez Antes y Felipe Atoy fueron de los pocos cubanos, miembros del CFC, que ostentaron el título Honorable de la Federación Internacional de Arte Fotográfico (HFIAP).

En 1943 se iniciaron, también auspiciados por el CFC, los Concursos Nacionales de Cine Amateur, de gran auge entre los aficionados. Hasta diciembre de 1961 el CFC celebró sus salones internacionales en forma ininterrumpida: fueron quince en blanco y negro y doce en transparencias.

El CFC, como los demás clubs de este tipo en el mundo, solo se dedicó a la llamada “fotografía artística”, también conocida como “clásica”, y apenas reflejó la situación política y social del país, a diferencia de una buena parte de los novelistas, poetas o pintores, y de los fotógrafos de prensa. El CFC atendió más lo aparencial de los hechos, buscando la belleza de las formas, por lo cual le concedieron gran importancia a los problemas técnicos, como la cuidada exposición y el esmerado encuadre y composición, así como la exquisitez en el revelado, los efectos de luces y sombras y la pulcra impresión. En septiembre de 1941 el CFC publicó la primera edición periódica de un boletín que apareció de manera bimestral primeramente y mensual después, en el cual se divulgaban los temas fotográficos.

El CFC, como toda entidad, perseguía una serie de objetivos y de aspiraciones que, en la medida de lo posible en sus años de actividad fueron cumplidas. Aunque su principal objetivo era, por supuesto, hacer fotografías, porque sentían esa necesidad, querían, además, compararla a la pintura, porque el tipo de fotografía que realizaban fue pictoralista, como los retratos neoclásicos, los bodegones, las imágenes barrocos, los paisajes románticos, o sea lo mismo que se hacía en la pintura, pero ellos lo llevaron a la fotografía. Sus principales temas fueron los paisajes, tanto en su amplitud como en sus detalles; los retratos (prevaleciendo los de estudio); la arquitectura, y por supuesto sus detalles. Su otro objetivo era mostrar sus obras y competir en los eventos que se realizaban a nivel nacional e internacional.

Sus miembros abogaban por el reconocimiento de la fotografía como obra de arte. Ello se advierte debido al gran número de salones y exposiciones –dentro y fuera del paísque realizaron en sus años de actividad.

Según Laura Alejo, “todos estos eventos iban más allá del puro placer estético, estaban dirigidas al reconocimiento y la autentificación del quehacer fotográfico; la historia les concedería el mérito con el decursar del tiempo”. Ángel de Moya, uno de los más destacados integrantes del CFC, plasma en las palabras al Catálogo del Primer Salón Internacional Cubano de Fotografías Artísticas, realizado en 1948:

«A través de todos los tiempos, algunos hombres han poseído el don de ver maravillas en las cosas más corrientes, y de interpretar lo que ven y sienten en forma permanente, para que otros, menos privilegiados, las puedan admirar. A esto se le llama “Arte”, ya sea expresado por medio de la música, la pintura, la escultura o por la acción de la luz sobre una superficie sensibilizada, es lo que llamamos “Fotografía”».

Sigue diciendo Laura Alejo: “de este modo, con la institución del Club, surgió el sitio ideal para quienes gustaban del arte del lente. Esta asociación fue una escuela, un centro aglutinador de aficionados y profesionales, y un sitio de intercambio de conocimientos y experiencia. El CFC se instauró desde sus inicios como faro irradiador de conexiones que, hasta la actualidad, continúa extendiendo, pues no ha de olvidarse que la labor que hoy realizan las iniciativas independientes de escuelas de fotografía es heredera de la idea esencial que perseguía la otrora entidad. La promoción, el entendimiento y la optimización de las relaciones entre artistas –pertenecientes o no al Club– fueron las actividades fundamentales que, con el devenir del tiempo, lograron la paulatina inclusión de la fotografía en el ámbito artístico nacional”.

Se puede afirmar, según criterios compartidos con Laura Alejo, que la labor desplegada por el Club Fotográfico de Cuba fue primordial para lograr esa denominada “época de oro”, que posibilitó elevar la fotografía al nivel de manifestación artística en el marco cubano. Aunque la mayoría de sus miembros, con muy pocas excepciones, realizaron obras tradicionales –dígase de la utilización tan depurada del encuadre y la composición, y el empleo de una estética que, usualmente, no polemizaba con la situación epocal, y usando los géneros clásicos de retratos, paisajes y bodegones–, no significó que detrás de la aparente complacencia de las piezas no existiese, en algunas de ellas, el detalle que conduce a una reflexión en torno a sí mismas o a cierto fenómeno en particular.

 

4 Comments

  1. Gracias FULLFRAME y al maestro Ramón Cabrales por tan buena publicación sobre Historia del Arte Fotográfico Cubano

  2. Tony Santana Lopez

    Me gustaría saber como enviarles mis fotografías a ustedes.

  3. María de las Mercedes Bécquer

    Como siempre, el profesor Ramón Cabrales nos tiene muy al tanto de las investigaciones históricas. FELICIDADES por su sapiensia.

    María de las Mercedes Bécquer

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