Fotorreportajes, Un poco de Historia

Vivian Maier: La incríble Nana-Fotógrafa.

Por Héctor García Torres Imaginen lo genial que sería la historia de una mujer que era una excelente fotógrafa pero que no reveló casi ninguno de sus carretes porque no […]

Por Héctor García Torres

Imaginen lo genial que sería la historia de una mujer que era una excelente fotógrafa pero que no reveló casi ninguno de sus carretes porque no se lo podía permitir. La historia de una mujer que tomaba fotos sin descanso sin importarle el resultado final, y, sin embargo, sus fotos son de las mejores fotografías callejeras. Pues no se trata de una novela, esta mujer existió: su nombre es Vivian Maier.

El 1ro de febrero de 1926 nació nuestra heroína, en un barrio de Nueva York. Sus padres fueron la francesa Maria Jaussaud y el austriaco Charles Maier, ambos refugiados judíos.

La infancia de Vivian Maier tuvo lugar entre Francia y Nueva York, con la compañía de su madre principalmente, ya que su padre las abandonó cuando Vivian tenía solo cuatro años de edad. Después de esto, ambas convivieron un tiempo con Jeanne J. Bertrand, una pionera de la fotografía y amante del surrealismo.

Muchos especulan que su pasión por este arte nació de esta breve relación, lo cual no se ha comprobado. Lo que sí se sabe es que en algún momento adquirió una Kodak Brownie, una cámara barata, y empezó a hacer fotografías. Ya para 1956, con 25 años la joven Vivian se mudó a Chicago, lugar donde hizo la mayoría de sus fotos y donde vivió la mayor parte de su vida.

En un documental que salió a la luz hace apenas dos años, algunos de los niños a quienes cuidó, ahora adultos, la describieron como paradójica, misteriosa, audaz y muy privada, al punto que algunos de ellos no sabían que hacía fotografías.

Una rápida mirada a sus fotos permite ver un ojo auténtico, casi irrepetible, que a fuerza de observar la ciudad que le rodeaba, le convirtió en una verdadera experta en temas de la naturaleza humana y de la calle, además de las excelentes características de las fotografías que hacía.

Sus fotos nos dejan ver también un gran sentido del encuadre y de la riqueza que brinda la naturaleza humana no solo desde su calidez y alegría, sino también en su humor y hasta en su tragedia. No es de extrañar que de haber mostrado sus fotos, se hubiera convertido en una fotógrafa reconocida.

Pero no lo hizo, y durante 40 años trabajó como niñera, sin abandonar su pasión por la fotografía. Muchas de las personas que cuidó de pequeña dijeron que nunca salía sin su Rolleiflex. Cabe destacar que este modelo de cámaras tenía una tapa encima que cubría el visor, por lo que no era necesario acercar la cámara a la cara para hacer las fotos.

En primer lugar, esto la convierte en una cámara especial para instantáneas pues no llama la atención, y en segundo lugar, al disparar desde abajo, la mirada ofrece imponencia y expresión de gran magnitud a lo fotografiado.

En 1959 Vivian comenzó un viaje alrededor del mundo. En ese momento le dijo a quien la empleaba que volvería en ocho meses, y en ese tiempo fue en solitario a Egipto, Tailandia, Taiwan, Vietnam, Francia, Italia, Indonesia y buena parte de América del Sur, solo ella y su cámara, por lo que hay miles de fotos de sus viajes alrededor del mundo.

Vivian nunca se casó y nunca tuvo hijos, pero transmitió su ternura hacia sus fotos. Prefería los carretes extranjeros a los americanos y generalmente los compraba en una misma tienda de fotografía llamada Central Camera.

Ya hacia el final de su vida, quedó sin vivienda y en diciembre de 2008 se cayó cuando caminaba sobre el hielo y se golpeó en la cabeza. Por este motivo fue trasladada a un hospital y luego a un asilo para ancianos. Cuatro meses después murió.

El descubrimiento de su obra                                

En 2007 en joven John Maloof se encontraba escribiendo un libro de historia, para lo cual necesitaba muchas imágenes de época. Se dirigió a una casa de subastas que se encuentra a dos calles de su casa y allí encontró varias cajas llenas de negativos sin revelar. Tomó los negativos y los puso contra la luz buscando imágenes de Chicago, al tiempo que ganaba la subasta por 380 dólares.

Un funcionario de la casa de subastas le dijo que la autora de las fotos era Vivian Maier, por lo que Maloof buscó sus datos en Internet, pero nada apareció y las fotos tampoco le servía para el libro, así que las guardó en un armario. Tiempo después comenzó a revelarlas y colgó cerca de 200 en un foto blog que creó y en instantes, llovieron las entradas y los comentarios.

Luego Maloof buscó las otras cajas y las compró a quienes las tenían para organizar el trabajo de Maier. Hasta que dio con un hombre que Vivian había cuidado de niño, en su casa, encontró todavía más negativos, además de alrededor de 700 rollos de película de color sin revelar y otros 2000 rollos en blanco y negro, ropa, tickets y otras pertenencia que Vivian guardó hasta el final de sus días.

El joven comenzó una intensa investigación que incluso le llevó a un pequeño pueblo en los Alpes de Francia, donde encontró los orígenes de Vivian y a algunos parientes vivos. A partir de aquí, llamó al Museo de Arte Moderno (MOMA) para que le ayudara a exponer las fotos pero éste no lo permitió, por lo que con ayuda de otras instituciones, comenzó a hacer giras por diferentes ciudades de Estados Unidos e incluso otros países como Inglaterra, Dinamarca y Alemania, para exponer las obras de esta genial fotógrafa.

Desde entonces, miles de personas han quedado deleitados con su fabulosa obra. Vivian Maier murió sola y sin trabajo, pero dejó detrás un tesoro incalculable en la forma de miles de fotografías que había guardado por años en un cuarto a donde nadie podía entrar.

Murió sin que nadie conociera de ella, pero ahora, tiene la fama que mereció esta increíble fotógrafa autodidacta, quien además de ser Nana, también reescribió la historia de la fotografía callejera.

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