Un poco de Historia

Korda: un fotógrafo de cuyo nombre sí quiero acordarme.

  Por Héctor García Torres De Alberto Díaz Gutiérrez tal vez no se sepa mucho, pero de Korda, que era su nombre artístico, todos conocen algo. Este cubano es célebre […]

 

alberto-kordaPor Héctor García Torres

De Alberto Díaz Gutiérrez tal vez no se sepa mucho, pero de Korda, que era su nombre artístico, todos conocen algo. Este cubano es célebre fundamentalmente por la famosa fotografía tomada a Ernesto Guevara (Che) el 5 de marzo de 1960 mientras miraba el cortejo fúnebre de los muertos del atentado al barco La Coubre.

Korda había nacido en una familia humilde el 14 de septiembre de 1928 en La Habana. Tal fue su versatilidad, que de joven fue vendedor ambulante, contador, investigador de mercado, vendedor de productos farmacéuticos, y de otras compañías.

Su formación como fotógrafo fue autodidacta, si bien aprendió bastante de Newton Estapé y después con Luis Pierce (Luis Korda), con quien trabajó entre 1953 y 1968 en los estudios Korda, inspirado en los cineastas húngaros Zoltan y Alexander Korda y por el parecido fonético con la marca fotográfica Kodak, fundado por ellos mismos y donde realizaba fundamentalmente trabajos comerciales. El estudio estuvo dedicado a modas y publicidad, de notable éxito, lo que le permitió disfrutar de una cómoda posición económica. Al triunfo de la Revolución en 1959,  trabajó como fotógrafo del periódico Revolución  y acompañó a Fidel Castro como fotógrafo en diferentes recorridos. Pero en 1960 como artista del lente su vida cambia…

LA HISTORIA DE UNA FOTO HISTÓRICA

Korda logra captar al Guerrillero Heroico en medio del sepelio de los muertos en el atentado al barco La Coubre. Inmortalizó la cara rígida de un héroe callando los sentimientos encontrados, sin saber que la instantánea lo inmortalizaría a él. De las muchas  en que ha pasado el Che a la historia esta es la más peculiar: toda la magnitud de un hombre cabe en la foto, que es según muchos críticos uno de los diez mejores retratos fotográficos de todos los tiempos, y es a su vez la fotografía más reproducida en la historia de este arte en todo el mundo.

La expresión de sus ojos fue tan fuerte que me turba unos instantes, me muevo, me tambaleo, pero inmediatamente oprimo el obturador y tomo dos fotos. Acto seguido la figura desaparece de nuevo por el fondo. No fue concebida, fue intuida”, relató Korda años después.

Poco antes de la muerte del Che, Korda obsequió a Gian Giacono Feltrinelli, un editor italiano que entonces buscaba fotos de Guevara,  dos copias de la famosa foto. Después de fallecido el héroe, el italiano mandó imprimir miles de copias de la foto, que rápidamente inundaron al mundo y que fueron ampliamente reproducidas, sin que Korda recibiera dinero alguno.

A decir del fotógrafo: en menos de tres meses, vendió un millón de ejemplares del afiche, a cinco dólares cada uno. Yo no he cobrado nunca un centavo por esa foto”.

La imagen abunda en libros, prendas de vestir como pulovers, camisetas y otros, igualmente en campañas publicitarias de cualquier tipo y hasta en tatuajes, tanto es su valor simbólico, como comercial. En el 2000, la marca de vodka Smirnoff utilizó la foto para su publicidad. Korda la demandó ante los tribunales, ganó la demanda y donó los  50 000 dólares al sector de la salud.

Pero algo que pocos saben es que Korda fue pionero de la fotografía submarina en Cuba, la cual desarrolló en el Instituto de Oceanología de la Academia de Ciencias realizando el Atlas de corales cubanos en 1968. También se le considera el creador de la fotografía de modas en Cuba junto a la modelo Norka Méndez, quien fuera una de sus esposas. Su obra en ambos campos –submarino y de modas-tuvo bastante éxito y reconocimiento, de manera que logró exponer su fotografía por todo el mundo.

En su trabajo, Korda utilizó una cámara Leica, con la cual captó la foto del Che, así como una Nikon o Canon para las fotos de 35 mm y en otras ocasiones una Hasselblad. No tuvo predilección por ningún lente específico, sino que prefería usarlos de todo tipo, pues consideraba que cada foto llevaba un lente apropiado.

De cómo encontraba sus fotos decía que “La foto está en el ojo del fotógrafo. Conozco colegas que saben mucho de química, mucho de óptica, mucho de teoría fotográfica, pero que nunca han sido capaces de atrapar una imagen que emocione. Mi ojo busca lo que propicia esa emoción, en mis fotos hay un 90 por ciento de búsqueda y un 10 por ciento de casualidad”.

Esa misma emoción y la intuición le llevó a hacer otra de sus grandes fotos: la del campesino que en 1959 se encaramó en una farola en medio de una concentración. “Vi de pronto a aquel campesino que trepaba por la base de la farola como si fuese un gato: llegó arriba, se instaló, encendió un cigarrillo y disfrutó del acto como si estuviese en un palco. Me impresionó y tomé la foto”, dijo décadas después.

El artista era así, sencillo, como su estética, prefería la luz natural, fuera en los retratos o en las fotos de prensa, en las fotos de desnudos o en la publicidad. Lo que lo impresione a él, será capaz de impresionar a otros, esa fue su técnica, y definitivamente funcionó.

ALBERTO KORDA, EL HOMBRE

Es difícil hablar solemnemente de Alberto, el hombre, pues se perdería la riqueza del ser humano que estuvo detrás de las cámaras. El también fotógrafo José Alberto Figueroa escribió luego de su muerte: Visitó todos los países imaginados y por imaginar. Hizo de las suyas en aviones, trenes y bodas, y siempre salió por la puerta grande. Fotografió y abrazó a presidentes, secretarios, Papas, premios Nobel y pueblo…”

Quienes lo conocieron recuerdan a un hombre delgado, lleno de vida, generalmente vestido de kaki color beige, chaleco de fotógrafo y cigarrillo permanente en la mano izquierda. Alberto era especial, además de ser fotógrafo y de cuanto hizo, le gustaba escribir poemas y disfrutaba mucho de la literatura de Pablo Neruda y de César Vallejo. De él también se dice que acostumbraba a tararear, fueran canciones o algunas cosas que él mismo escribía.

Fue su pequeño apartamento en Miramar, frente a la desembocadura del río Almendares, lugar de encuentro con muchos de los maestros de la fotografía mundial, pero también con quienes comenzaban y querían consejo. Nunca faltaba en su bar el ron, su preferido era el añejo tres años, aunque le brindaran de todo para tomar, era Korda, un cubano de pura cepa.

Era dueño de una gran simpatía personal y capaz de interrumpir hasta al propio Fidel en medio de un discurso para hacer una aclaración. Diría José Alberto Figueroa: “Murió como vivió, a todo tren, en París, rodeado de amigos, homenajes y jóvenes hermosas mujeres”.

 

Acerca de revistafullframe

Revista Cubana de Fotografía.

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